aquí..

aquí nos quedamos en barcelona.. con la sensación de ti.. con tu sonrisa que voy guardando por las esquinas.. tus mil papelitos.. tus cosas.. allí puestas.. ahora calladitas.. como en pausa.. como esperando que regreses para desordenarse nuevamente.. tu olor por las mañanas y los libros que nunca lees.. un “om” repetido y la noche que me entristece.. un querer que amanezca apenas se esconde el sol.. horas interminables sin vuelta de reloj.. un café sola.. un abrazo de dos y no de tres.. golpes de vacío mientras paseo en bici para olvidarme que no hago sino recordarte.. una vista al mar.. una pista de aterrizaje y un mensaje de texto que me acaricia desde berlín.

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tiempo.

Somos tejas que acumulan los secretos del cielo buscando tiempo.

Éramos dos corazones vacantes hasta que nos conocimos…

y encontramos el tiempo.

 


creyendo soñar.

Me despierto una mañana, sin reloj ni ruidos ni agendas delineando mi día. Mis ojos se abren solos y miran hacia la ventana. Siento una suave brisa entrar. El inmenso pino de unos siete pisos de altura se tambalea a gusto con el viento matutino. El sol se asoma tímidamente como queriendo pasar inadvertido. Empieza a colarse una diminuta lluvia con una tranquilidad inédita. Y de repente un azulejo llega a mi ventana, se posa sobre la reja y moviendo la cabecita de un lado a otro, inspecciona mi cuarto. Probablemente sean locuras mías, pero siento que me quiere decir algo. Se me aguan los ojos ante su pequeño cuerpo azul y blanco. Y me digo a mí misma que seguramente estoy soñando todo esto, porque esto no puede ser verdad.

¿Por qué será que siempre creemos soñar cuando somos testigos de la belleza? 

 


post – guerra.

Frente a nosotros llega el cielo, recoge sus cosas, nos deja la tierra más desolada y se larga de aquí.

 


tristezas de acetato.

El disco gira y gira y no hace más que rayar y subrayar cada una de mis tristezas de acetato.


campo magnético.

Hace ya demasiado tiempo, emprendí una búsqueda obstinada por una sustancia que aplacara cada una de las ilusiones que rigen mi vida, cada una de las bombonas de oxígeno que dentro de mis pulmones deletrean lo que vergonzosamente debo llamar amor.

Hace más de dos años, viajé kilómetros y kilómetros de distancia hacia la selva para encontrarme con un chamán que me recetaría un líquido milagroso, para difuminar cada una de las emociones incontroladas que expulsa mi cuerpo una y otra vez.

Hace un año compré una caja completa de hilos magnéticos de último modelo, y abriéndome un par de huecos en cada pie, traté de que me halaran hacia la tierra anclando el otro extremo al punto más recóndito del subsuelo.

Hace siete meses exactamente diseñé un aparato especial, que al regir la corriente de fuego contrapuesta al cielo no permitía ebullición alguna, haciendo que cualquier fuente de calor que se generara estuviese directamente dirigida  hacia el piso.

Hace d  dos meses apenas compré un pequeño y curioso artefacto que detectaba cada uno de los ridículos vuelos que suelo emprender. Cada vez que detectaba algún vuelo interno, me multaba… sí… la máquina me multaba.

Hace tan sólo una semana compré un libro de 391 páginas que niega todas y cada una de las razones que nos hacen volar, dedicándole horas y horas de estudio a entrenarme a rechazar el sin fin de cosas que me mueven el mundo.

Y anoche… anoche… caí en cuenta… nada ha dado resultado. No existe hasta ahora tecnologia, ni poción mágica, ni decreto alguno… que me ayude a no ser como soy. No he encontrado aún, una fórmula que invierta las leyes de mi naturaleza, ni teoría que desafíe mi propia fuerza de gravedad. He descubierto que por más que me empeñe en hacerme de una materia exactamente contraria a la materia de mi alma, nada cambia ni cambiará jamás el sentido de mi campo magnético.

Y es que mi fuerza de gravedad es hacia arriba coño, no hacia abajo.


cuestionario senza risposta.

¿Cuánto mal puede caber en tan diminuto planeta? ¿En qué material nos convertimos cuando nos hacemos capaces de matar a alguien? ¿En qué momento hemos vuelto tan miserable el suelo que pisamos? ¿Hay tiempo realmente para éste tipo de actividades? ¿No estamos todos tan infinitamente ocupados, con teléfono en mano, y días diagramados? ¿Por qué apartamos siquiera una hora de nuestra agenda para desgarrar el mundo un poquito más? ¿Es realmente necesaria tanta masacre de piel y alma? Cuando torturamos y degollamos, ¿qué parte exactamente de nosotros juega al espejo roto? Cuando juzgamos las diferencias en otros, ¿cuál de tantas mentiras propias salen a relucir sin que nos demos cuenta?

¿Cuántas guerras más se harán imprescindibles para entender de una buena vez que el mundo no es de quienes lo conquistan, sino de quienes se dejan enamorar por él?